El próximo día 31 de octubre, “La salita de las letras” nos brinda su espacio para hablar sobre terror. Libros, cine y, en definitiva, todo lo que suscita la noche de las brujas .

Os dejo el cartel para abriros el apetito:

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Tras el éxito del primer evento producido por ESMATER en enero, llega en esta ocasión la segunda oportunidad del terror escrito en España, de cara a la jornada del sábado 25 de mayo. En la ocasión anterior el evento era una fiesta presentación de la asociación, por ello que los asistentes que presentaban y las charlas que se realizaron fueran de los socios de ESMATER, y de los objetivos del colectivo. En esta ocasión la “Plataforma para el terror” tiene una idea algo distinta en mente.

En el foro de Fnac Castellana, como fuera la pasada ocasión, se harán una serie de micropresentaciones, en las que los propios autores llevarán a cabo la labor de conducir de la mano a quien les acompañe, presentando en sociedad sus trabajos, mostrándolos ante el público asistente al evento, e intentando que  la línea sea lo más socarrona y canalla posible.

De esta manera se realizarán las distintas charlas por parejas de autores, presentándose en un “combate” entre novelas, antologías y relatos de terror, fantásticos y de ciencia ficción.

Para los asistentes en esta ocasión hay una grata sorpresa: habrá un sorteo de libros entre todos los asistentes del evento, que podrán llevarse a casa de manera gratuita alguno de los libros o cómics que las editoriales colaboradoras han facilitado a tal fin. Aunque esto no es todo. Con el objetivo de que el evento tenga el mayor alcance posible y, todo sea dicho, para premiar a aquellos que no se cansan de reseñar todos estos “saraos”, se realizará un sorteo a parte entre todas las crónicas que se realicen del evento, y se cuelguen en internet en la web del reseñador.

Esperamos veros a todos allí apostando por el género de terror español.

CARTEL SEGUNDO EVENTO ESMATER

Por asuntos personales finalmente no podrán asistir todos los autores, pero a excepción de alguna baja este será el cartel de la velada.

A comienzos de año vi la convocatoria de la revista “miNatura”, dedicada al tema de la alquimia, y me decidí a escribir algo que no fuera de terror aunque tuviera cierto tono oscuro.

Os invito a que leas el microrrelato (el mío es el número 45) y disfrutéis de la revista:

 

 

http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2013/03/20/revista-digital-minatura-125

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Para los que no tengáis demasiado tiempo y queráis tan solo leer el micro aquí lo tenéis:

Una nueva vida

  Es curiosa la alquimia. Con su poder, su manera de crear distintos objetos, distintas sustancias de aquello que antes no era nada, que no tenía valor. Es tan sencillo como conseguir los ingredientes apropiados para hacer lo que se desea; plomo para hacer oro, o sangre y espíritu para crear personas. Creo que no es necesario usar la alquimia para hacer un cuerpo humano, pero claro, tener el poder y no utilizarlo debe ser como tener alimentos y no ingerirlos ¿no?

Llenar el caldero de sangre, de lágrimas, de ánimas muertas y encontradas en los lugares más ocultos. Apurar hasta el último segundo para apartar el atanor de los fuegos, logrando así una cocción perfecta. Buscar el momento sublime en el que los objetos inanimados den resultado a la vida, al ser, a la persona.

Todo se mezcla en un baile de intenciones en el que la materia pierde su esencia, y se ve modelada hasta quedar con la forma que le da el antojo.

Todos los ingredientes pierden su manera de ser y desaparecen como unidad, para crear un todo distinto y diferente, un todo que no es tan sencillo como la suma de las partes.

La alquimia es capaz de esto y mucho más. Es capaz de alienar los cuerpos que utiliza, de arrebatarles su esencia, de acabar con aquello que son para obligarlos a recrearse como ella quiere. O como quiere el alquimista.

Mi padre no eligió nacer, pero eso es algo que le pasa a todos los humanos.

Yo en cambio no elegí ser creado.

 

Aunque el género del blog es predominantemente el terror, ayer al verme abrumado por los halagos con un relato que escribí hace algún tiempo ya, me decidí por subir un relato nuevo al hilo. En este caso no es de terror, y se va bastante de lo que habitualmente suelo escribir, pero creo que no salió nada mal para ser mi primera incursión en este campo.

Vosotros diréis:

Nigga y Haraam

Hace mucho, mucho tiempo, cuando el mundo era todavía joven y Gaea aún veía la luz del sol, el guardián del tiempo y la curiosidad del destino se unieron para crear un artefacto. Una herramienta que serviría para contar entre sus vetas los eones que vendrían, y sería el mudo observador de las historias que estaban por producirse por siempre. Ese objeto era una bola de cristal, forjada por el calor del interior de la tierra y la presión de los continentes; creada del material más frágil que existía pero capaz de arañar los más duros metales.

Esta historia trata sobre esa bola de cristal, y sobre lo que un joven, tanto como lo fue algún día la madre Gaea, estuvo dispuesto a entregar por conseguirla para su amada.

La narración de esta historia comienza muchos años después. El guardián del tiempo había perdido la capacidad de hablar y el destino ya no sentía curiosidad. La magia y los seres de la tierra se habían ocultado del camino del hombre, que con fuego y acero había terminado sepultando el color de las praderas bajo el yugo de la guerra y la sangre.

Es en esta era tardía en la que nació Haraam, un chico moreno y espigado, acaso desgarbado, que acostumbraba a correr entre los campos de trigo seguido siempre de cerca por su perro Strigoi. Haraam siempre estaba escaqueándose de los quehaceres de la villa en la que vivía, pero nunca faltaba su apoyo cuando realmente era necesario. Siempre se podía ver en su rostro una mirada perdida, volando a menudo por encima de los montes que circundaban el pueblo; como si tarde o temprano una fuerza que surgiera de su interior fuera a arrancarle de su tierra natal para atraparle en los caminos y hacerle conocer todos sus finales.

No fue hasta los últimos días de los meses de floración, cuando el sol se alejaba de Gaea y las hojas rendían su tributo alfombrando su cuerpo, cuando Haraam conoció a Nigga. Ella iba en un carromato, de ciudad en ciudad, vendiendo los pocos alimentos que compraban en algún sitio, cambiándolos por otros productos que encontraran en otras localidades, y haciendo de ello su vida. Hasta que el padre de la joven cayó en desgracia.

Era costumbre que las deudas se pagaran de una manera u otra. Cuando la tribu de los rathagarr acabó con la plaga de langostas que tenía inmersa en la hambruna a los hombres del sur, estos les aseguraron que un diezmo de toda su producción se les pagaría a ellos, y a sus hijos, y a los hijos de estos. En los montes de la desesperación, el mensajero del rey de Daverlhon, que perdió sus víveres y casi la vida en sus escarpadas quebradas, pudo entregar su misiva a los banderizos al otro lado de la cordillera gracias a un extraño ermitaño que vivía en una de sus siete cimas. Después de acabar con su cometido y entregar la carta, volvió a los montes y fue su lacayo por el resto de sus días. Cuando el padre de Nigga enfermó y tuvo que entregar todos sus vienes para que tanto él como su hija pudieran alimentarse, la familia de comerciantes ambulantes se vio sin nada. En tierra extranjera y sin ningún trabajo que supieran hacer, más que el noble arte del trueque, llegó el momento de tener que pedir a cambio de promesas futuras algo que llevarse a la boca, hasta que ya nadie en el pueblo quiso darles nada.

Fue entonces cuando Orri´n, el arrendador del pueblo, se acercó al desvencijado carromato y le hizo su proposición al padre de Nigga.

No muy lejos de allí, a pocas leguas de camino se habría una fisura en el suelo, una antigua cicatriz en el cuerpo de Gaea, que conducía a sus más profundos interiores. A través del desfiladero que descendía por la cara de esta cicatriz, se podía llegar a los salones en los que el destino fue encerrado y el guardián del tiempo guardaba silencio, y más allá, a la guarida del ser que había quedado encargado de proteger la bola de cristal de cualquiera que osara ir a buscarla. Por supuesto el padre se encontraba demasiado enfermo para poder hacer nada al respecto, pero Nigga, que era una mujer de espíritu indómito y no se arredraba ante nada, se acercó al recaudador y le dijo que en el plazo de un año tendría su bola de cristal. Rápidamente Orri´n formalizó un contrato por escrito, por el cual se haría cargo de la manutención del padre durante un año, después del cual serían ambos de su propiedad.

Lógicamente la villa fue conocedora del trato al día siguiente, y del aciago destino que le esperaba a Nigga en su imposible odisea. También Haraam lo supo y de inmediato fue a ver a Nigga, pero, como tantas otras veces no tuvo el valor de acercarse a ella. La miró desde lejos, le susurró en la distancia que él la ayudaría y se marchó de la villa con su perro al día siguiente.

Durante los meses de invierno Nigga no paró de entrenarse. Corriendo, subiendo por las escarpadas crestas de las Colinas de Cobre, y haciéndose con una vara de aspecto consistente, que endureció al calor de una hoguera. No tenían medios con los que comprar una espada, ni ningún tipo de armadura, ni ningún adiestramiento para lo que se le venía encima, por lo que cuando llegó el comienzo del verano, la joven se descubrió pensando si no sería una empresa imposible para alguien como ella.

Finalmente, se presentó en la casa del maestro forjador y le pidió un arma a cambio de la prenda de su amor. El maestro sabía para qué la quería, y que lo más probable sería que no volviera, pero no iba a desperdiciar la oportunidad que le brindaba la complicada situación de Nigga, por muy difícil que fuera que ella regresara con vida. De manera que rebuscó entre sus trastos viejos y le hizo entrega de una herrumbrosa hoja. Algo que no duraría muchos trotes y seguro que se quebraría en la primera embestida, pero Nigga no tenía nada mejor y aceptó.

El momento había llegado.

Cuando casi había terminado el verano Nigga preparó una bolsa, ropa de viaje, y se alejó de la carreta en la que su padre se quedaba temblando y rezando porque su hija volviera.

Caminó durante todo el día hasta que por fin alcanzó la cicatriz. Un barranco que separaba la tierra casi hasta donde alcanzaba la vista. A lo lejos y entre la bruma, se podía ver el escarpado filo de la otra cara de roca, oscura y vertical.

Nigga se acercó al borde buscando un lugar por donde pudiera realizar un descenso más tranquilo cuando vio algo que la sorprendió enormemente. A pocos metros de donde acababa el camino por el que había llegado desde el pueblo, pudo ver cómo comenzaba una especie de escalera tallada en la roca. A diferencia del resto de la pared, estos escalones se veían brillantes y angulosos, no como la roca que lo rodeaba, redondeada por el viento y el paso del tiempo. Parecía haber sido creada hacía no demasiado.

Sorprendida pero agradecida de este primer giro positivo en su aventura, Nigga aseguró las correas de la bolsa de viaje y de su vieja espada, y comenzó el largo descenso. Bajó durante horas o días, no lo tenía muy claro. Llegado cierto momento ya no fue capaz de ver ni la luz del día, ni el cielo abierto sobre ella, aunque un halo rojo que venía del fondo de la caverna le ayudaba a seguir su trayecto y a ver en la penumbra en que se encontraba. Cuando el cansancio la vencía, utilizaba una soga trenzada con cáñamo para atarse como podía a cualquier arista que encontrara, y no caer al vacío al dormirse.

Finalmente llegó a lo que parecía el fondo de la cicatriz donde esperaba encontrar el primero de los grandes retos que le esperaban.

Ante ella se encontraban los salones del destino.

Una puerta enorme que debía haber dado paso a seres increíbles, quizá a los gigantes cuando aún caminaban sobre el cuerpo de Gaea, o tal vez los dragones fueran el motivo del tamaño de aquella inmensa entrada, era lo que se encontraba ante ella. Nigga levantó la vista para ver lo que ponía en el dintel, pero estaba demasiado alto y oscuro por lo que no pudo distinguirlo. Se acercó hasta encontrar una puerta mucho más pequeña, cercana al tamaño de un pequeño dwafelf por lo que tuvo que entrar a gatas, a través de la cual pudo pasar al interior.

Ante sus ojos se abría una enorme sala iluminada por ardientes quinqués en los que bailaba una extraña llama violeta. La sal era en realidad un largo pasillo franqueado por columnas que se perdían en la oscuridad de la rocosa bóveda, y en el suelo siguiendo los pasos de Nigga, la historia de figuras que habían marcado el destino global de los seres que poblaban el cuerpo de Gaea. Licarion, el señor de los lobos en su lucha contra las sombras de Farsthag, o el generoso rey Phorometeios y su heredero el príncipe Artheios, que cambiaron el trono de su reino por el fin de la guerra con los serenitas.

Nigga avanzó bajo la violeta luz hasta que llegó al final del crucero de columnas, en donde vio algo que no se esperaba para nada.

Los hilos del destino estaban cortados.

Durante miles y miles de años, el Destino había ido tejiendo una maraña de hilos que guardaban la historia de cada ser desde su principio hasta su final. Hilos que cambiaban de color, de lugar, de dirección… Al destino le encantaba ver a dónde conducía cada uno de ellos, con qué otros hilos se cruzaría y qué supondría para el resto. Pero esta curiosidad, este interés, fue mermando con el tiempo. Poco a poco el Destino se fue olvidando del interés que le causaban las historias de los seres, fue perdiendo la curiosidad que le había caracterizado y dejó de observar lo que ocurría para encerrarse en los salones del destino. Pero, aunque ya no quisiera seguir los hilos de los seres alguien debía seguir manteniéndolos sin que se anudaran o se cortaran antes de tiempo. Por ello creó a los Hilos, guardianes de la correcta concatenación del orden de los destinos, que se encargarían de mantener la madeja como debía permanecer, y de defender el destino de los seres como debía ser según lo escrito.

Es por ello que la gente de la villa sabía que la misión de Nigga era algo imposible, ya que estaba escrito que nadie sería capaz de cambiar su destino, y el destino de la bola de cristal era el de mantenerse lejos de las manos de los hombres. Pero cuando la joven entró en el salón y se encontró con los hilos cortados, no pudo más que sorprenderse y buscar en derredor hasta que al fin encontró al que se ocultaba en aquella sala.

Un ser con una figura parecida a la humana, pero de aspecto cambiante, oscuro y opaco, o brillante y calido. Reflejo de todo lo que podía ocurrir en la vida de los seres. Grande como veinte osos y vestido con una prenda que parecía cambiar sin ningún orden, se afanaba sobre una rueca que no paraba de rechinar y que en cualquier momento terminaría de romperse.

—¿Quién er…?

—Soy destino.

La figura parecía no haberse percatado de su visitante, mientras seguía tejiendo y tejiendo, o quizá estaba demasiado ensimismado para prestarle atención.

—Los hilos están cortados—, afirmó Nigga con tono interrogante por la sorpresa.

—Sí, fue hace escasas semanas. ¿Has leído lo que ponía sobre la puerta?

La chica recordaba la inscripción pero no supo que responder o más bien, no se atrevió a decir que no.

—Un hombre que estaba destinado a morir anciano en su pueblo. Ese era su destino. Pero en cambio, bajó tallando unas escaleras en la cicatriz y luchó contra los Hilos, contra todos ellos con la ayuda tan solo de un perro lobo—. Nigga estaba sobrecogida por la sorpresa, alguien se le estaba adelantando. —Acabo con ellos y cortó la madeja.

Nigga se fijó en el rostro de Destino, dándose cuenta de que en aquella cara cambiante no había ni rastro de dolor, malestar o pena. Había alegría, había curiosidad.

—¿Estás recomponiendo la madeja?

—No, estoy dejando que los hilos crezcan. Estoy deseando ver qué es lo que hará ese joven.

—¿No lo sabes?

Destino dejó el hilo y la rueca y se volvió por fin a su interlocutora.

—No. Sé que está haciendo ahora, sé que estás haciendo tú y hasta hace poco sabía que haría cualquiera. Pero esas ataduras se han terminado, el destino es libre. Lo es vuestro destino, el mío vuelve a ser el de observar y ver a qué conduce todo esto.

Nigga estaba intrigada.

—¿Pero por qué?

—Porque ese joven ha luchado contra su destino rompiendo el hilo de su camino con la única arma que podía romperlo. La determinación.

—¿Va en busca de la bola de cristal?

Destino se volvió brevemente a la rueca de nuevo antes de responder.

—No lo sé, tendremos que esperar para verlo. Pero ese parece ser su objetivo.

El corazón se encogió en el pecho de la joven. Nunca se le habría pasado por la cabeza que alguien se pudiera adelantar a ella en una empresa tan difícil. No podía ser que estando en los salones del destino, y habiendo bajado la cicatriz, se encontrara con que un jugador entrara en liza de manera tan afortunada. Y que le llevara tanta ventaja.

—Debo seguir mi camino— dijo Nigga sin saber si Destino le dejaría pasar.

—Adelante, estoy deseando ver a dónde conduce.

En uno de los laterales del salón había una pequeña puerta que conducía de nuevo a la oscura gruta de la cicatriz. Nigga echó un último vistazo a Destino y se encaminó a la puerta, apretando el paso y deseando llegar a tiempo. Debía alcanzar a aquel que le llevaba la delantera lo antes posible, antes de que se hiciera con la bola de cristal o arrebatársela en el caso de que no lo alcanzara a tiempo. Debía intentarlo por su padre, por ella, porque su destino no terminara siendo el de esclavos de nadie.

Nigga echó a correr. Corrió todo lo que pudo hasta que le ardieron los pulmones y siguió corriendo. A su alrededor la caverna seguía descendiendo en una ligera pendiente, hasta que finalmente desembocó en un claro. Hongos brillantes que se alimentaban de los minerales de Gaea y expulsaban cierto humo cálido, daban algo de luz al gran socavón al que había llegado. El suelo parecía estar tapizado con una especie de musgo azul que lo cubría todo, y a lo lejos, entre la bruma de los vapores, se veía la continuación de la gruta y el camino que debía seguir para continuar.

La joven agudizó el olfato intentando comprobar si aquel aire viciado no sería nocivo, mientras caminaba lentamente, cuando de pronto su pié calló en el siguiente paso hasta dejarla casi por completo bajo la manta de musgo. En realidad no había suelo, o más bien no era sólido, y la capa de musgo que se mantenía sobre la sustancia viscosa tapaba por completo la verdadera naturaleza de la superficie. Nigga se dio cuenta, tras el susto, que se había hundido solo hasta la cintura. El miedo le había hecho pensar que sería mucho más hondo, incluso lo suficiente para ahogarse, además de mirar ahora hacia atrás y ver que la legamosa superficie le habría dificultado el volver a tierra firme. Sacó su espada y la utilizó como un remo para apartar el tapiz azul que tenía ante sí, cuando `pudo constatar que algo rígido se encontraba bajo ella. En realidad sí se habría podido ahogar, si podría haber caído y hundirse hasta que nadie la pudiera haber encontrado en cien años. Pero algún tipo de construcción se erguía bajo ella y la sostenía sobre la línea del pegajoso líquido. Nigga sacudió la espada para ver lo poco que pudiera a través de su superficie, pero como no vislumbraba apenas nada cortó uno de aquellos hongos para poder usarlo de antorcha, y lo introdujo en la húmeda sustancia.

Un camino estrecho y serpenteante aparecía bajo las olas que formaba el brazo de Nigga, mostrándole el camino seguro para cruzar aquel mortal pantano interior. Alguien antes que ella había pasado por allí, dejando detrás ese “puente” para que pudiera ser utilizado. Se lo agradecía en el alma, ya que esto debía haberle llevado mucho tiempo y esfuerzo, aunque no entendía el motivo por el que habría llevado a cabo tan ardua tarea.

Viendo algunas ondas sobre el musgo y notando cierta vibración en sus piernas, decidió salir de allí cuanto antes, intentando alcanzar la otra orilla lo más rápido que puso sin correr peligro.

Finalmente llegó al otro lado, saliendo rápidamente del líquido y encendiendo una hoguera con los hongos que encontró a su alcance para secar su ropa. Después de un rato, y tras haber descansado un poco y repuesto fuerzas mordisqueando algo de cecina, Nigga emprendió de nuevo la marcha encontrándose una encrucijada.

Dos caminos que dividían la caverna en dos, ramificando el trayecto y las posibilidades.

La chica se acercó a ambos, notando que en uno de ellos, había una pieza de armadura clavada en la roca. Por los dibujos que había visto en los cuadros del castillo del sol, y las historias que contaban en los mercados que había visitado en el pasado, reconoció inmediatamente la greba que sobresalía de la pared. Era dorada como los hilos que defendía su antiguo portador. Una pieza de armadura de un Hilo, probablemente puesta ahí por el mismo que les había vencido con determinación. Nigga se preguntaba si conduciría al camino correcto o, por el contrario, sería una trampa para quitarse de encima posibles perseguidores.

Echando la vista atrás recordó el paso sobre el liquido que acababa de cruzar, pensando que igual había sido obra de la misma persona. ¿Cómo saber si aquella persona tenía la intención de ayudarla o no?

—Destino, podías echarme una mano— dijo más para sí que con una verdadera intención.

Pero para su sorpresa, un pequeño roedor pasó a su lado y entró en el pasillo rocoso que no estaba marcado con la greba. Pocos segundos después Nigga pudo oír un siseo y un chillido horrible, de alguna bestia atroz que debía haber dado buena cuenta del pobre animalillo. Sin pensarlo dos veces se dirigió a la otra entrada y siguió su camino.

Hasta cuatro veces más se encontró con otras bifurcaciones, y una de ellas con siete elecciones distintas pero, en todas ellas había una pieza de armadura adornando la que parecía ser la correcta. Nigga agradecía cada vez que veía uno de aquellos símbolos, sintiéndose acompañada en medio de aquella oscuridad. Tuvo la sensación de que aquello era por ella, y por primera vez en su vida experimentó el afecto por alguien que no fuera su padre, y que ni si quiera había visto. Aún, ya que poco a poco iba deseando llegar al final del camino para encontrarle, y hacerle entender lo desesperado de su situación. Estaba segura de que entraría en razón y la ayudaría a conseguir la bola de cristal, de que haría lo posible porque pudiera volver a su vida y ayudar a su padre. Poco a poco le iba idealizando, pensando en cómo sería y en los motivos por los que iba en busca de la bola de cristal.

Sin darse cuenta apretó de nuevo el paso.

Por fin, llegó al final del laberinto para encontrarse con otra puerta incrustada en la pared, pero esta era inmensamente ancha. Cada una de sus hojas se extendía a la izquierda y a la derecha de Nigga, hasta perderse en la oscuridad del interior rocoso. Tan solo una pequeña rendija separaba las dos láminas de la puerta.

Se acercó y dejó caer el hongo luminoso, que ya casi no brillaba, y pasó al otro lado de perfil, con la mano en la espada y la otra haciendo visera ante la luz que había en el interior.

El espacio que se abría ante ella era diáfano y sin adornos. La estancia parecía eterna como el tiempo, y se extendía en todas las direcciones hasta más allá de donde abarcaban los ojos. En el centro, o lo que parecía ser el centro, un anciano permanecía sentado en un modesto trono de madera, in levantar la mirada, ni parecer que se hubiera percatado de la visita. Nigga avanzó el trecho que le faltaba hasta llegar al anfitrión y esperó en silencio hasta que este levantó el rostro.

—¿Dime, quién eres? —preguntó la figura del anciano sin mover los labios.

—Soy Nigga, hija de comerciantes. Vengo a buscar la bola de cristal. —Respondió con tono dubitativo, sin saber si aquel anciano la atacaría o seguiría sin mover un músculo—. ¿Eres el guardián del tiempo?

—Lo fui un día, pero no es necesario ser guardián de aquello que no necesita guardia.

—¿A qué te refieres?

El anciano miró alrededor, lentamente, como si cada uno de sus movimientos por suave que fuera, le resultara doloroso.

—Esta sala, este espacio que ves ante ti, detrás, a tu izquierda y derecha, es la sala del silencio. En el tiempo suceden muchas cosas, pero siempre hay algo por debajo de todo lo demás y es el silencio. El silencio que rellena el espacio entre las palabras, entre los ruidos, entre todos los sucesos. —Volvió a mirar de nuevo en todas direcciones con aire apesadumbrado—. El silencio está en todas partes, y estaba aquí también hasta que se rompió.

Nigga no entendía a qué se refería el anciano al decir todo aquello.

—En este lugar el ruido no existía. Era una cárcel perfecta, una puerta cerrada sin cerradura ya que la única manera de salir de ella era romper el silencio que la habitaba. Si te fijaste al entrar, ante ti no verías más que mi asiento. Ahora justo delante tienes la puerta que conduce a la salida.

Era verdad, la puerta se dibujaba y su contorno se volvía más consistente, con cada una de las sílabas pronunciadas.

—Pero antes, nadie podía hacer ruido, nadie podía gritar ni hablar, ni… Ni siquiera tirando esa herrumbrosa espada que llevas podrías arañar una nota discordante a este suelo.

—¿Y qué pasó? —preguntó Nigga.

—Ese hombre llegó aquí, estuvo horas, días, quizá semanas intentando hacer ruido de todas las maneras posibles. Golpeó con su ropa y sus zapatos los adoquines, intentó romper mi viejo y gastado trono, pero nada sirvió. Me parece que se le pasó por la cabeza en varias ocasiones desistir, pero aunque lo hubiera hecho nadie sale de aquí una vez ha entrado, a menos claro que sea capaz de crear ruido.

El anciano se quedó callado un segundo.

—¿Sabes por qué ya casi no quedan seres mágicos sobre Gaea?

Nigga negó con la cabeza.

—Porque el hombre acabó con casi todos. El motivo de que los oreghtahs ya no campen por los prados, con sus plateados y peludos lomos, o los reznaks o tantos otros que poco a poco han ido sucumbiendo ahora ya no estén no es más que el hombre. Es como una plaga que lo consume todo y lo agota todo, pero…

—¿Pero?

—Pero a veces es capaz de hacer cosas increíbles. —El antiguo guardián del tiempo suspiró mientras miraba por primera vez a Nigga a los ojos. —Todos los seres tienen algo de magia en su interior. Los hay que pueden crear melodías que lleguen a los corazones de quienes las oyen, o quienes tienden puentes mágicos para poder cruzar los obstáculos del camino. Hay magia en el interior de todos los seres que poblamos Gaea.

Nigga sentía curiosidad por ver cómo había logrado el misterioso benefactor que la precedía, afrontar aquel problema.

—¿Qué fue lo que hizo? ¿Cómo lo consiguió?

—No lo consiguió.

—¿Cómo? —Preguntó la joven.

—Que no lo hizo, no fue capaz de romper el silencio.

—Pero cruzó la sala, ahora mismo veo la salida… Estamos hablando ¿acaso sería posible si no lo hubiera roto?

—No fue él quien lo hizo si no su perro.

Nigga abrió los ojos como platos ante la sorpresa.

—Fue el perro que le acompañaba, cuando vio a su amo con las fuerzas agotadas, quien se acercó él y le susurro que le había fallado.

—¿El perro habló?

—El perro le fue fiel hasta la muerte, se quedó con él, probablemente luchó con él para llegar hasta aquí. Y finalmente le dio lo más preciado que podía darle. Su vida.

—¿Pero de qué murió?

El guardián la dejó de mirar y se masajeó las manos aguantando la respuesta durante unos segundos. Durante el silencio la puerta de salida dejó de verse.

—El perro no está muerto, solo que nunca podrá salir de aquí. No puede volver a la superficie por que ya no queda magia sobre el cuerpo de Gaea. Le acompañará hasta que salga de la cicatriz, si es que sale. Ahora déjame, no estoy de humor.

La joven se quedó mirándole, sintiendo como si se apagara y se viera gris, hasta que decidió seguir su camino. No podía estar más satisfecha, estaba convencida de que ella no habría podido salir de aquella sala eternamente silenciosa. No por sus propios medios.

Avanzó en la dirección en la que había visto por última vez la puerta y, para que se mostrara de nuevo, comenzó a cantar una nana que le solía cantar su padre. A su espalda el anciano guardián canturreo con desgana,  mientras Nigga salía de la sala y el silencio la abrazaba de nuevo al cerrarse la puerta tras de sí.

Estaba tan cerca, tan al alcance de su meta, y no podía hacer otra cosa que sentir gratitud por aquel que iba delante suyo, acabando con cada uno de los peligros y retos del camino, facilitando tanto su aventura que se estaba convirtiendo en un paseo. Iba pensando en cómo sería, en su altura y su apuesta figura, en qué le diría y lo que respondería él al recibir sus agradecimientos, que no se dio cuenta de lo que ocurría a su alrededor hasta que fue demasiado tarde. Una figura oscura y peluda la abrazó por la espalda, levantándola del suelo y aprisionándola entre sus brazos, demasiados brazos, pensaba Nigga, cuando ante ella aparecieron tres o cuatro arañas del tamaño de una vaca. Fue en ese momento cuando entendió qué era lo que la alzaba por los aires, y empezó desesperada a gritar y forcejear con la enorme criatura. Uno de los arácnidos se frotaba las patas delanteras, un gesto que siempre se le había antojado muy humano, pero no era más que un reflejo animal, no tenía la más mínima posibilidad de parlamentar con ellas, o de engatusarlas para que la soltaran.

Ya se estaba despidiendo de su padre y temiendo el arduo destino que le esperaría por fallarle, cuando un gruñido aterrador llego de las sombras que había ante ella. Una figura gigantesca de lobo saltó al interior del círculo formado por las arañas, ladrando y haciendo que estas retrocedieran y se alejaran rápidamente. Enseguida se revolvió para quedar mirando a la que sujetaba a la joven y agarrar una de sus patas entre sus fauces. Nigga notó como caía al suelo, donde quedó tirada sin valor para moverse lo más mínimo.

—No temáis mi señora, vengo a escoltaros el final del camino.

Había sido el perro el que había hablado, pensó ella.

—Haraam os espera y no le queda demasiado tiempo.

Nigga se levantó mirando al enorme animal, ya perdido el miedo que había sentido, y se acercó a él deseando saber más cosas del dueño que le había enviado.

—¿Qué le ha pasado?

—Montad sobre mi lomo mi señora, no hay mucho tiempo. —El perro se giró y flexionó las patas para facilitar el salto—. Durante el trayecto os contaré más.

La joven se subió en el animal y este comenzó a correr a una velocidad difícil de creer posible en ningún ser vivo. Aunque más adelante la oscuridad era casi total, el perro parecía orientarse a la perfección en medio de aquellas sombras. Ni una sola vez dudo, ni redujo la velocidad de la marcha.

—¿Quién es tu amo?

—No le conoces.

—¿Qué hace aquí? ¿Por qué ha cruzado los salones del tiempo y del destino?

—Por vos.

Nigga sintió que todas aquellas sensaciones forjadas en la negrura del fondo de la cicatriz tomaban cuerpo. Era real que aquel hombre había acabado con los peligros de la cueva más profunda de Gaea para que ella estuviera a salvo. Era real que la sensación que sentía en cada muestra del camino, facilitado para ella, conducía finalmente a alguien que se había tomado esfuerzos increíbles y que había logrado su cometido. Ya solo quedaba una única prueba para alcanzar la bola de cristal.

—¿Qué pasó con el Tifón?

El Tifón era la criatura que protegía la bola de cristal. Enorme, de cuerpo inmenso y protegido por láminas de hueso duro como el acero, este hijo de la propia Gaea esperaba en la última sala, la del reto, a todos aquellos que lograran pasar a través de las otras dos. La puerta solo se abriría si el Tifón moría, de manera que no era posible rodearlo ni escapar de él. Una vez se entraba en la sala del reto solo quedaban las opciones de la victoria o la muerte.

—Era demasiado poderoso para que acabáramos con él en combate, —respondió el perro.

—¿Qué sucedió entonces? —el viento de la carrera del can mecía los oscuros cabellos de Nigga, que iba aferrada al cuello del animal para no caerse.

—Intentamos combatirle con nuestras armas. Haraam su espada y yo mis colmillos, pero su piel era demasiado dura y nada lo traspasaba. Fue entonces cuando a mi amo se le ocurrió lo que debíamos hacer.

El perro siguió narrándole la batalla que mantuvieron con el Tifón, explicándole que le utilizaron para que acabara con los pilares que sujetaban la bóveda central. El protector de la bola de cristal era muy fuerte y muy duro, pero no era especialmente listo. En el momento en que todo estaba a punto de derrumbarse, Haraam se colocó en el centro de la sala, amenazándole y provocándole para que fuera a luchar con él. No fue difícil que Tifón entrara en la trampa, pero a Haraam no le dio tiempo a apartarse de manera que quedó sepultado bajo los escombros junto a la bestia.

—Pero eso no era suficiente —siguió el perro—. Para que la puerta se abriera el monstruo debía morir, de manera que el cometido que me había ordenado mi amo no quedaría cumplido de esa forma. Con mis zarpas arañé y escarbé entre las rocas hasta que encontré los huesos que protegían el cuerpo del guardián. En la postura en la que estaba, sepultado bajo las rocas y los pilares, no podía moverse. Pero yo tampoco podía causarle una herida de muerte.

—¿Qué pasó con Haraam?

Nigga ya sabía que de alguna manera lo habían logrado. Ahora lo que le interesaba era saber en qué estado se encontraba su benefactor, y cuánto quedaba para encontrarse con él.

—Al final, —el perro ignoró a la joven—entre los huesos quedaba el tamaño suficiente para meter el morro y poder hacer un pequeño mordisco. No serviría para matarle, pero si para que pudiera poco a poco sorber su sangre. Él iba perdiendo su fuerza y yo cada vez crecía más y me volvía más fuerte.

—¿Así fue como le diste muerte? ¿Alimentándote de su sangre?

El perro redujo el paso mientras subía una ligera pendiente. Al final de esta se veía una pared de piedra desmoronada, sobre lo que antes debía haber sido la última puerta.

—Yo habría hecho lo que fuera por mi dueño, lo habría dado todo por él. Igual que él lo ha dado todo por ti.

Ante Nigga aparecieron los restos del monstruo estrangulados entre las rocas del techo. Era enorme, varias veces más alto de lo que había imaginado. Quizá como las murallas del Castillo del Sol, aunque increíblemente parecía aún más sólido. Se bajó del lomo del perro para acercarse, con miedo a que no estuviera muerto y se levantara una vez más. Era verdaderamente terrorífico.

Nigga se imaginó enfrentándose a aquel engendro y sintió un nudo en el estómago. No habría sido capaz, no lo habría logrado de ninguna manera.

Miró la espada herrumbrosa que sobresalía por encima de su hombro, sopesando las posibilidades de que no se le hubiera caído la hoja con la primera embestida.

—Mi señora, seguidme por favor.

El perro rodeó la montaña de escombros hasta el otro lado, donde un cuerpo ensangrentado descansaba sobre las rocas. Nigga se acercó sobrecogida, esperando ver qué aspecto tendría el héroe que la había salvado de tantos peligros sin pedir nada a cambio. Su sorpresa fue mayúscula. Era un chico joven, delgado, lleno de cicatrices por todas partes. Algunas nuevas y sangrantes, otras antiguas y ya curadas. Se le veía delgado y moreno, curtido por la intemperie y el frío de la caverna, y un gesto dolorido en su semblante. Pero a Nigga esa cara no le dijo nada.

Como había dicho el perro, no le conocía.

—Amo, estoy de vuelta y la traigo conmigo.

Los ojos del joven se abrieron con esfuerzo, pero mostrando una gran alegría. En su cara ella pudo ver amor, más del que nunca habría soñado que nadie pudiera sentir por ella, pero también vio miedo, no entendía el porqué.

—Nigga, has llegado hasta aquí. —Su voz sonaba raspada y se veía que cada palabra le suponía un enorme esfuerzo.

—¿Quién eres y por qué me has ayudado?

Haraam volvió la cara reuniendo el coraje para responderla.

—Soy Haraam, de Nibbelheim. —Nigga se sorprendió al descubrir que era de la villa en la que estaba con su padre, pero no le reconocía—. Nunca antes me había atrevido a decirte nada.

—¿Por qué me has ayudado? ¿Por qué bajaste a la cicatriz por mí?

El joven no tuvo valor para responderle. Fue el perro el que respondió a su respuesta.

—Cuando descubrió el trato que habías hecho con Orri´n, el recaudador, se volvió loco, sabía que era imposible que nadie lo lograra. Nadie salvo él mismo claro.

Nigga le miró, enternecida y llena de una sensación que nadie hasta el momento había despertado, gratitud. Era cierto, si no hubiera sido por él y por su perro nunca habría llegado tan lejos.

—Dime, ¿cómo hiciste para acabar con los Hilos?

—¿Recuerdas la inscripción sobre la puerta de la sala del destino?

—Sí. —Aquella inscripción que ella no había podido leer.

—El guardián me preguntó si estaba dispuesto a acatarla. Yo le dije que sí.

—¿Y qué ponía?

Él sonrió antes de responderle.

—Yo leí “Afronta su destino”. —Por supuesto, Nigga entendió que por su destino, él había entendido el destino de ella. Por lo que todas las responsabilidades que había adquirido con aquel pacto, las había afrontado realmente Haraam—. Después de acabar con los Hilos, Destino me dijo que lo que ponía en aquella inscripción era “Que pase aquel que esté dispuesto a afrontar su destino”. Pero esa primera equivocación me dio fuerzas para seguir y para vencer.

—Determinación. —Comentó Nigga.

—Sí.

—¿Y las escaleras en la cicatriz? ¿Y el puente en el pantano azul?

Haraam volvió a sonreír de orgullo.

—Nos llevó algún tiempo todo eso.

Nigga sintió que sus ojos se humedecían, viendo al hombre que la había salvado de su aciago destino, dando la vida por ello. Haraam se moría, y no podía hacer nada para remediarlo.

—¿Y la sangre de Tifón?

—Para cuando le saqué, Tifón ya estaba muerto, la sangre del monstruo ya no tenía ninguna propiedad. —Respondió el perro.

—Strigoi, por favor, acompáñala hasta la bola de cristal. No dejes que le pase nada.

—No podemos dejarte aquí, —le dijo Nigga sintiendo sus manos heladas al cogerlas—, debe haber alguna manera.

—No la hay. Debes conseguir la bola y volver junto a tu padre. Vete antes de que sea demasiado tarde. —Haraam cerró los ojos y no habló más.

La joven y el lobo se volvieron lentamente a la puerta, y caminaron en silencio hasta que salieron de la sala del reto y comenzaron el ascenso hasta el habitáculo de la bola.

—¿Sabes? Mi amo sabía desde hace mucho tiempo que haría algo grande. Me puso el nombre de Strigoi por los pájaros vampiro de las quebradas de hielo, aunque ahora creo que no fue meramente por casualidad. —Nigga podía respirar la pena y el dolor en cada una de las palabras de Strigoi—. Él fue capaz de romper su destino porque no era el suyo, acabó con el curso de las cosas que deberían haber sucedido y no es justo que esté muerto. Es curioso que la bola esté al final de estas escaleras y que ni siquiera sepa si ha servido de algo.

—¿Por qué dices eso?

—Él hizo todo esto por ti, por que te amaba más que nada y estaba dispuesto a pagar cualquier precio por tu amor. En cambio tú, ahora tendrás lo que querías y no sabrás nunca cuál ha sido el coste de tu dicha.

—¿Por qué dices eso? —Nigga sintió su pecho desgarrado ante las duras palabras del perro.

—Lo único que quería era ser correspondido.

—Yo le amaba…

—¿Y por qué no se lo dijiste?

Nigga tardó unos segundos en responder, segundos en los cuales la bola de cristal apareció ante ellos al terminar de ascender los últimos peldaños.

—Volveré a velar a mi amo, es lo último que puedo hacer por él.

Strigoi bajó las escaleras dejándola sola sin esperar su respuesta. Nigga se acercó a la bola de cristal, silenciosa y apenada, preguntándose por qué no se lo había dicho. Por qué no le había dicho que le quería, al hombre que había dado tanto por ella, que buscado su felicidad con tanto esfuerzo, que debería habérsela dado pero en cambio le había dejado el mayor vacío que hubiera conocido nunca.

—No se lo dije porque tuve miedo.

En ese momento llegó a sus oídos el aullido de Strigoi, rasgado y lastimero, que salió de las grietas de la cicatriz para extenderse por el mundo, llenando de pena el corazón de los seres que poblaban el cuerpo de Gaea. Nadie sabría nunca que había hecho por amor Haraam en aquel lugar, pero todas las almas lloraron aquella noche su perdida al menos durante un escaso momento. Todas las almas se abrazaron a sus seres cercanos, buscando consuelo y sintiendo parte del vacío que ahora sentía Nigga.

Ya solo quedaba que cogiera la bola de cristal y comenzara el largo trayecto de vuelta.

—Si nos volvemos a cruzar en otra vida te prometo, no, te juro —decía llorando la joven—, que no me dará miedo. Que te abrazaré y te besaré y te diré que te amo y nada podrá evitarlo.

Cogió en sus manos la bola de cristal, mirando en sus capas el recuerdo de las vidas que se consumían sobre Gaea, mientras una errante locura vagaba por sus pensamientos en ese preciso instante. Allí se guardaban las vidas de los que habían sido y de los que eran todavía. Allí quedaba registrado todo lo que había ocurrido. Haraam había sido capaz de cambiar su destino tan solo con determinación.

Nigga dejó la bola de cristal en el suelo y desenvainó su oxidada espada. No la había usado ni una sola vez. Al menos no para el cometido por el cual había sido forjada. La joven pensaba que merecía tener un pequeño momento de gloria en aquella historia.

—Siento lo que estoy a punto de hacer, pero no hay otra manera de enmendar mi error. —Levantó la hoja sujetándola con las dos manos y con todas sus fuerzas, asestó el golpe.

—Lo siento padre.

La mañana estaba encapotada por las nubes, y las lluvias de la noche habían convertido en un barrizal los caminos de toda la región. Erkram, bajó del carro para ayudar a tirar a los burros, resbalando y esforzándose por no caer al suelo de nuevo.

—Esto me costará un resfriado.

—¿Qué hay de ese pueblo?

La voz venía de la parte de atrás del carro. Una voz joven y femenina.

—¿Nibbelheim? Estuve aquí hace ya muchos años. Es un buen lugar y además, no tenemos nada mejor. Sal del carro y ayúdame hija o no llegaremos nunca.

La joven saltó de la caja del carromato y le echó una mano hasta que llegaron al suelo empedrado del centro de la villa. Allí, les recibieron los aldeanos interesados enseguida por los artículos que seguro, traían de otros lugares. Enseguida el padre comenzó a presentar la mercancía, mientras la hija se adentraba por el pueblo, en busca de un lugar para cobijarse. Tras negociar con la única posada del pueblo, se volvió para regresar al carromato y chocó contra un chico espigado, alto y larguirucho, que rápidamente le pidió perdón y bajó los ojos al suelo avergonzado.

Ella habría quitado hierro al asunto y habría seguido su camino, pero algo la detuvo frente a él. Una sensación extraña, una necesidad tal vez…

—Hola, soy Nigga. ¿Cómo te llamas? —dijo acariciando la cabeza del perro que le acompañaba.

—Yo… soy Haraam.

—Encantada Haraam.

Desde lo profundo de la Cicatriz, Destino sonrió al verlos.

Y así es cómo la determinación de Haraam y Nigga cambió sus destinos, de la misma manera que este final dio comienzo al principio de una nueva historia.

Ahora podéis hacer un comentario sobre lo que os ha parecido…

Tras varios meses, muchas decisiones, muchas horas de trabajo y alguna de desvelo, por fin llegó la fecha. El día, el diecinueve de enero, la hora, las cinco de la tarde. Aunque realmente todo comenzaba mucho antes.

A las doce de la mañana llegaban los más puntuales, entre los cuales no me encontraba, poco después nos presentábamos Alfonso y yo para terminar de atar los últimos retoques de la velada que aún no sabíamos que nos iba a deparar.

Para ser franco desde el primer momento tuve la sensación de que todo iba a salir bien pero, nunca se sabe. Puede ocurrir de todo en algo que depende de tanta gente y que dura tanto… Pero no fue el caso.

Comenzó la tarde con los primeros asistentes llegando pocos minutos antes de que empezara la presentación de las obras de Fernando López Guisado y Karol Skandiu, de la mano de la siempre alegre Irene Comendador. Quienes mejor para acabar con la fría sensación con la que se afrontan siempre estas citas hasta que te ganas al público, o como en este caso, hasta que te das cuenta de que los tienes desde el primer segundo de tu lado. Una presentación sentida, cercana, quizá algo afectada pero, claro, se habló tanto de sentimientos y de pasiones…

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Fue en ese momento en el que pude ver como por fin llegaba mi familia, esa parte de la concurrencia que ocupa un lugar muy importante en cada presentación. No se puede hablar demasiado con ellos, hay muchas personas a las que atender, pero ellos son los primeros en entenderlo y perdonarlo. Gracias.

Continuamos la tarde con la presentación de Virginia Pérez de la Puente y de Daniel P. Espinosa, en la cual tuve el gran honor de poder aportar un breve y ligero acompañamiento. No hacía falta más.

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Una gran idea que dio mucho juego y valió como pretexto para que los presentes hablaran con los autores, o presentaran sus obras fuera de cartel fue las mesas de firma. Durante todo el tiempo pude ver a Joe, a Alfonso, a Daniel… firmando ejemplares y hablando de cada uno de sus libros. Siendo llamados para que firmaran una nueva dedicatoria o tuvieran oportunidad de aclarar alguno de los detalles de sus respectivas novelas.

Después de mi pequeña aportación, continuó la tarde con la presentación de Víctor Blázquez de sus novelas “El cuarto jinete” y su próxima secuela “El cuarto jinete: Armaguedón”, además de la antología apocalíptica que coordinó llamada “Postales desde el fin del mundo”. Tuvo a su lado a Cristina Caviedes, otra escritora y editora de la editorial Universo, que aprovechó la oportunidad para hacer el anuncio de que esta editorial llevaría a cabo la edición de “Leyendas urbanas”, la segunda antología de ESMATER (antología que he tenido la suerte de coordinar).

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Antes del descanso se llevó a cabo la presentación fuerte de la noche, y no me refiero con fuerte a la más importante, si no a la primera del autor. Como muchos sabréis, esta era la puesta de largo de Alfonso Zamora con su novela “De Madrid al Zielo”, y de la mano de Joe Álamo (qué más se puede pedir). Lo sé de buena tinta, han sido meses de nervios, de falta de ánimo y de alegrías también; hasta que al final del camino hemos podido verle presentando al retoño por el que llevaba años luchando. ¡Enhorabuena compañero!

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Tuvimos en torno a veinte minutos o algo más para poder hablar con los asistentes, la familia, los amigos… Pudimos cortar durante unos breves segundos para mirarnos a los ojos y decirnos en silencio que todo parecía ir bien. Hasta que llegó el momento fuerte para un servidor. El momento de hablar de ESMATER, el momento de defender una idea (la que nos había llevado hasta ese momento), y el precios instante de intentar que esto no sea solo de los socios de ESMATER si no de todos los asistentes, de sus conocidos y de en definitiva todos los amantes del género de terror. Me parece que defendimos bastante bien la idea, y si me fijo en la gente que se acercó tras la charla a felicitarme y a preguntarme de qué manera se podían hacer socios, entiendo que así fue.

También fue en este momento cuando vivimos un momento increíblemente emotivo, cuando se hizo entrega de los diplomas del I Certamen de relato breve. Por desgracia solo la ganadora pudo presentarse en el evento, pero fue maravilloso ver la emoción con la que recibió el galardón.

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Para finalizar una excepcional tarde, tuvimos el placer de contar con la presentación de “Let it be”, la segunda parte de la novela de Joe Álamo “Tom Z Stone”. Para esta primera presentación en la capital, Joe enseguida le pidió a Alfonso que fuera él quien le presentara ante los asistentes del forum de Fnac, algo que os aseguro le causó placer y nervios probablemente a partes iguales.

Finalmente la tarde se acababa y todo había salido bien.

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La pregunta que más veces he oído en estos dos días… ¿Para cuándo la siguiente?

¿La respuesta? Pronto.

Gracias a todos.

Publicado: 2 enero, 2013 en Otros mundos

Después de cumplirse otro año he recibido el resumen de los números que ha hecho mi blog y, la verdad, me he sorprendido bastante.

Este ha sido un año un poco raro, tanto en lo personal como en lo profesional ha sido una montaña rusa continua. Pero aún así habéis estado en todo momento, apoyándome, leyendo las pocas entradas que he realizado, o los pocos comentarios que he tenido tiempo de hacer para vosotros. Por todo ello gracias a todos.

Es un orgullo encontrarse con que el resultado de un trabajo, aunque en este caso poco, se recompensa y se valora. Y es por ello que no puedo responder a ese feedback de otra manera que no sea agradeciéndolo desde este oscuro corazón, y prometiéndoos más relatos de terror, microrrelatos, historias narradas, o artículos sobre literatura del horror tanto de España como del extranjero, además de algún que otro clip u opinión sobre el cine de terror que tanto me apasiona.

Gracias a todos y (horrorroso)feliz 2013!!

mano

Sin más, os dejo el cartel para que os hagáis una idea:

Primer evento Presentación ESMATER

Espero veros a todos allí.